Política

La defensa de Cristina Kirchner también es relato.

Los argumentos que la Vice Presidente expuso el viernes son evaluados como inconsistentes. Los fiscales ni siquiera los responderían. 

  • 25/09/2022 • 07:59
Cristina Fernández de Kirchner en el congreso

La estrategia comenzó derrumbarse temprano. Cristina Kirchner, quien venía reclamando poder hablar también como parte de los alegatos , quería lograr un impacto político y mediático. Que la Argentina se detuviera mientras ella “demolía” los argumentos de los fiscales Diego Luciani y Sergio Mola.

Esa era la palabra. Demoler. Cristina, algunos kirchneristas intensos, los abogados de la familia y ciertos periodistas de entusiasmo fácil, venían repitiendo la palabra demolición para darle potencia a los alegatos. Como si los argumentos por sí solos bastaran para ponerle fin a las preocupaciones judiciales de la Vicepresidenta. El discurso del viernes, transmitido en esa suerte de cadena nacional de TV y vivo digital, sería la frutilla del postre.

La táctica del viernes entonces era que la escuchara el mundo. Pero el primer imprevisto surgió temprano. La muerte de Carlitos Balá. El humorista infantil argentino más popular del siglo pasado. Amado y respetado por varias generaciones. Y una parte de la Argentina se conmovió por esa pérdida. No todos, porque el kirchnerismo religioso de las redes sociales salió a ensuciar su memoria y a vincularlo con la última dictadura militar. Gente sin paz.

El primer problema para Cristina fue que la partida de Carlitos le dividió la audiencia. Su discurso ya no fue el gran protagonista de todos los noticieros. Tuvo que compartir el rating y la cantidad de visitantes únicos en los sitios de internet con los memes del Chupetómetro, de Petronilo, del Sumbudrule y el perro Angueto. Hubo señales de TV y de radio que eligieron pasar solo algunos flashes de los argumentos jurídicos de la Vicepresidenta. Difícil ganar la batalla audiovisual con la lectura amañada de los artículos de la Constitución.

Intentó sostener su defensa con cuatro argumentos que llamaron la atención, por su inconsistencia en los tres primeros casos, y por su inquietante lectura política en el último de ellos.

1.- Cristina planteó que era inválida la acusación de asociación ilícita porque “un gobierno no puede ser una asociación ilícita”. En ese caso, dijo, sería ilegítimo el nombramiento del fiscal Luciani porque lo refrendó ella. En realidad, quienes están acusados de haber formado una asociación ilícita para supuestos delitos son Cristina, Julio De Vido, José López (los dos fueron funcionarios de los Kirchner durante los 12 años de gestión) y el avispado emprendedor Lázaro Báez, quien armó su constructora 12 días antes de que los Kirchner asumieran. Y la cerró cuando Cristina terminó su mandato. La acusación no alcanza a los cientos de funcionarios restantes.

2.- Dijo también que no debe ser juzgada a través de la Justicia ordinaria, sino a través del mecanismo de juicio político por el Congreso. Pero lo que se investiga son sus presuntos delitos como presidenta, y el juicio político es para destituir a funcionarios en ejercicio. Se lo podrían hacer como Vicepresidenta, pero la causa Vialidad es de cuando era presidenta y corresponde que la investigue la Justicia.

3.- También argumentó que, como las 51 obras incompletas de Lázaro Báez ya las investigó la Justicia de Santa Cruz, no es válido que las investigue la Justicia Federal. Pero ese planteo de “cosa juzgada” ya fue elevado a la Corte Suprema, y el tribunal lo rechazó.

4.- Desde el punto vista político, el dato más interesante del alegato de Cristina fue cuando dijo que, en todo caso, la responsabilidad de sus actos administrativos presupuestarios no es de ella sino de los jefes de gabinete. A saber, tuvo cinco en esa función. De atrás para adelante: Jorge Capitanich, Juan Manuel Abal Medina, pero antes fueron sus subordinados Aníbal Fernández, Sergio Massa y Alberto Fernández. Los tres integrantes del actual Gobierno.

 

Nadie puede negar que Cristina Fernández no pudo defenderse, como también vienen diciendo varios de sus sequitos seguidores y empleados que están a su lado, tuvo su lugar y desperdició su momento de justificar las pruebas contra ella. 

Los alegatos político que ella misma y sus abogados expusieron  realmente no convencen a nadie, ni expertos ni al público en general.

El juicio aún continúa pero ahora con el agravante que muchos de los que están a su lado podrían dejar de apoyarla o quizás podrían quedar también pegados en la causa.